Autoabastecimiento urbano

Los problemas ambientales de la actualidad se deben principalmente a la existencia de las ciudades. La razón de que esto ocurra es que las ciudades son unas voraces consumidoras de recursos del exterior, como por ejemplo los alimentos, la electricidad, el agua; además de generar grandes cantidades de desechos que deben ser tratados por depuradoras y plantas de tratamientos de residuos. En este artículo voy a abordar el tema de los alimentos en la ciudad.

Las ciudades requieren una gran cantidad de alimentos del exterior, debido al impresionante crecimiento demográfico que han experimentado con el éxodo rural y la superpoblación. Obtener el alimento del exterior supone grandes extensiones de terrenos monocultivos que se obtienen a costa de eliminar espacio de bosque.

La eliminación de bosques conlleva la reducción de absorción de gases contaminantes como el CO2, causante del cambio climático, además de provocar la pérdida de biodiversidad, que se ve en la cantidad de animales que hay en peligro de extinción actualmente.

Las consecuencias de separar el productor y el consumidor es que los grandes campos de cultivo están fundamentados en la obtención de dinero, no de alimentos, por tanto no usan técnicas sostenibles; como el uso generalizado de fertilizantes químicos,   pesticidas y transgénicos que buscan el mayor tamaño de producto en el menor tiempo.

La consecuencia de esto es que, a la larga, la tierra usada en los campos de cultivo acaba desertificándose, siendo necesario robarle más terreno al bosque, además de perder calidad en los alimentos. Se puede decir que estamos vendiendo el planeta para alimentarnos el día de hoy, hipotecando el alimento de nuestros hijos.

Cada año se talan o se queman miles de hectáreas de bosques para cultivar alimentos.

Para resolver o paliar el problema, se pueden tener cultivos urbanos, tanto aquellos  particulares que tienen su pequeño huerto en su terraza, como aquellos que están surgiendo actualmente a partir de asociaciones de huertos urbanos por muchas ciudades.

Sin embargo, el fenómeno de los huertos urbanos no es algo nuevo, sino que ha habido a lo largo de la historia muchos ejemplos de agricultura urbana. En los siglos XIX y XX se plantearon proyectos importantes como la Ciudad Jardín de Howard, el Ensanche de Cerdá o la Ciudad Lineal de Arturo Soria. Estos ejemplos dejan constancia de que el autoabastecimiento urbano ha sido tema recurrente a lo largo de los siglos.

En 1903 se inició el proyecto de Howard a 55km de Londres, llamado ciudad jardín, que sería una ciudad pensada para unas 32.000 personas, que le rodearían concéntricos círculos de agrícolas que delimitarían el crecimiento urbano, además de huertos urbanos, con objeto de ser autosuficiente.

Howard decía que el campo y la ciudad debían “unirse” en cuanto a naturalidad y disponibilidad de recursos, y llegado este momento podría haber un desarrollo sostenible.

La propuesta de Cerdà a mediados del siglo XIX evoluciona desde una mentalidad ingenieril, obsesionada por los espacios arbolados como “regeneradores de aire” hacia lo que podríamos denominar una ecología urbana, plagado de huerto urbanos.

Los huertos urbanos que ingeniosamente proyecta Cerdà no eran un mero elemento decorativo u ornamental, sino un elemento vertebrador de la ciudad, trataba de ser un nexo activo entre agricultura y asentamiento humano.

Además de movimientos serios, espontáneamente surgen huertos en las ciudades, principalmente en periodos de guerra o en épocas de crisis.

Huerto urbano dentro de un cráter de una bomba durante la Segunda Guerra Mundial en Londres

Tras la segunda guerra mundial, en muchos de los países implicados en la contienda, proliferaron los huertos urbanos. En Estados Unidos los huertos urbanos se mantuvieron hasta los sesenta donde cesaron por movimientos de desincentivación premeditada. En esta época, en Londres, hubo un movimiento de transformación de los espacios verdes, jardines particulares, zonas verdes públicas y campos de deportes, a huertos urbanos, soportando el 10% de las necesidades alimentarias de la ciudad.

Pocos años después, en los sesenta, con el movimiento hippie hubo ocupaciones masivas de solares para reconvertirlos en huertos por las propias comunidades locales, lo que muestra un acelerado proceso de auto-organización. Aquí surgen las primeras políticas públicas de ayuda o promoción de los huertos comunitarios enfocadas en el mundo educativo.

Hortelano en el cinturón rojo de París en el periodo de entreguerras, 1937. Los huertos obreros se convierten en espacio de desarrollo de la cultura proletaria, superando el asistencialismo inicial. (Fernández Casadevante Kois. & Moran, 2015)

El mismo Engels, en 1884, se pronuncia respecto a esta temática: “La solución burguesa a la cuestión de la vivienda está en quiebra: ha tropezado con la oposición entre el campo y la ciudad. Y con esto hemos llegado al centro mismo de la cuestión, que solo podrá resolverse si la sociedad se transforma profundamente de manera que pueda dedicarse a suprimir esta oposición, llevada al límite por la sociedad capitalista de hoy, la cual, lejos de poder suprimirla, la agudiza a diario.”

El paso de los años se irá ganando reconocimiento social, científico y profesional a estas corrientes minoritarias, ya que en las últimas décadas asistimos a una nueva preocupación por generar espacios de confluencia, reencuentros que apuntan a una reconciliación del campo y la ciudad.

La agricultura urbana fue reconocida oficialmente en la 15ª reunión del “Comité de Agricultura de la FAO” en Roma, en 1999. Según la FAO la agricultura urbana puede ser importante en la seguridad alimentaria de la ciudad, especialmente en tiempos de crisis. La producción puede ser, o bien consumida por los productores, o vendidas en mercados locales. Con la agricultura urbana se ahorran los gastos de transporte y refrigeración, teniendo como resultado que los productos serán más frescos y más baratos.

Si bien la soberanía alimentaria en una ciudad grande suena utópico, si se empleara la energía necesaria, se podría conseguir un porcentaje de alimentación importante, más aún con la combinación de otras ideas de eficiencia del espacio como jardines verticales y techos verdes, o las técnicas de bosques frutales de Masanobu Fukuoka. Gracias a estas y otras medidas, la eficiencia del espacio del que disponemos en las ciudades se verá enormemente maximizada, ya que ganaremos espacios donde obtener alimentos además de ser lugares de ocio y esparcimiento.

Un ejemplo muy interesante de la aplicación de estas ideas es la “ciudad comestible” de Andernach, en Alemania. Gracias a este proyecto los vecinos pueden proveerse gratuitamente de la comida que crece en los huertos públicos, que ya cubren una quinta parte de los parques, jardines y zonas verdes de la villa.

Como conclusión, podemos observar que con un buen uso de las zonas verdes de las que ya disponemos podría abastecerse si no todo al menos una parte de la ciudad, sin tener que recurrir a ganarle terreno al bosque, con todos los problemas ambientales que esto conlleva.

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  • Juan

    muy bueno Salva, eres un crack hermanito 😉