Privatizando el Sol

En contra de un desarrollo sostenible, España niega y descarta la posibilidad de un autoconsumo, de una independencia energética para satisfacer nuestras necesidades, contribuir a la explotación de energías limpias y fomentar las energías renovables como objetivo fundamental de desarrollo.

Actúa de este modo para hacernos dependientes de empresas de suministro energético, para que ciertas personas (compañías eléctricas y ciertos políticos vinculados a ellas) se llenen el bolsillo, no pierdan dinero, o frente al terror que tienen las compañías eléctricas a que se “desestabilice” el consumo eléctrico. 

Se impone un peaje a quien genere electricidad y la inyecte a la línea, en vez de recibir ganancias, incentivos…, pero eso no es todo, si te pillan recogiendo fotones de luz solar para tu propio consumo te puede caer una buena sanción administrativa o en su caso penas de prisión.

La Unión Española Fotovoltaica (UNEF), que agrupa a unas 300 empresas y representa a un 85% del sector, asegura que, implantado estos cambios, es más caro el autoconsumo solar que recurrir al suministro convencional. “Se impide el ahorro a los consumidores y se paraliza la entrada de nueva competencia en el mercado eléctrico”, contempla la UNEF.

En España se ha “privatizado” el sol sin la consulta de sus ciudadanos, sin la consulta al sistema solar, sin la consulta al universo etc.

A título personal, y en voz de muchos ciudadanos, parece una decisión y acto, ambicioso por parte de estos, en contra de la lógica, ignorante, lejano y en retroceso respecto al desarrollo sostenible y la persecución de los objetivos comunes globales para combatir problemas de degradación ambiental.

El uso de combustibles fósiles en la generación de energía eléctrica para suministro en España, a día de hoy, está en torno al 35-40%, cifra muy alta dada la tecnología existente y toda una gama de alternativas viables y rentables que se vienen estudiando.

La quema de combustibles fósiles no es el impacto más notable del suministro eléctrico convencional, también entran en juego los efectos de torretas de alta tensión y su cableado: formación de ozono troposférico cerca de éstas por la radiación electromagnética, riesgo de electrocución en las proximidades de la torre, colisión de avionetas o helicópteros con el cableado, impacto visual y paisajístico restando valor natural a un paisaje, expropiación de pequeños terrenos de uso agrícola o ganadero, posibles efectos electromagnéticos, todavía no estudiados, en el comportamiento de animales sensibles, migratorios, o de orientación magnética, etc.

Para ejemplificar y visualizar la problemática de forma amena, un campesino que vive en lo alto de un cerro, de difícil acceso para el sistema de suministro de energía eléctrica, no tiene derecho a decidir independizarse del sistema de suministro eléctrico convencional para evitar dichos impactos y efectos derivados del sistema de suministro, o puede hacerlo, pero se le hará llegar la red de suministro igualmente para que la inyecte en la red, y además pague los impuestos vigentes.

Los luchadores de lo racional y el respeto a los recursos naturales, estamos cansado de que en nuestra política, “tan demócrata y soberana, que lucha por el bienestar”, siempre prevalezca el interés económico en las decisiones sociales y administrativas, frente a cualquier otro interés científico-técnico, proteccionista-conservacionista o simplemente el interés de la lógica de hacer las cosas bien respetando la naturaleza.

Hace unos años, una gran limitación técnica, por cuestiones físicas, era el almacenaje de la energía eléctrica que se genera en continuo, como es el caso de la energía eléctrica fotovoltaica. Es decir, el diseño, eficiencia (en cuanto a pérdidas respecto a lo que se recolecta y duración de la energía disponible), y eficacia (en cuanto a la limitación cuantitativa del almacenaje de energía eléctrica) de un sistema de baterías acoplado a estos paneles solares fotovoltaicos a nivel de vivienda o doméstico. Esto último, precisamente, es lo que siempre han argumentado los políticos de industria y energía, para defender la postura que se tiene en la actualidad.

Por tanto, si vienen días lluviosos, nublados o húmedos y, baja la irradiancia solar, difícilmente podría hacerse uso de esa energía fotovoltaica para el consumo. Al igual que el consumo de energía eléctrica fotovoltaica durante las horas nocturnas.

Tampoco hay que olvidar, evidentemente, el impacto ocasionado en la fabricación de estos paneles, el análisis del ciclo de vida, la difícil reutilización o reciclado de sus componentes una vez obsoleto, etc.

El hecho es que, este sector ingenieril de diseño de paneles y baterías ha sido objeto de investigación y ha estado acompañado de tecnología muy minuciosa y sofisticada precisamente para solventar estos problemas de rendimiento y viabilidad.

Las pioneras baterías en el mercado, las baterías de Tesla, encaminadas a poner solución técnica a nivel doméstico, empezaron a crear cierta inquietud en el monopolio eléctrico.

Al poco tiempo de que Tesla empezara a comercializar sistemas de baterías de nivel doméstico, saltó la alarma política y se desarrollaron obstáculos 'legales' para impedir la entrada y comercialización de estas baterías en nuestro país, pues rompían los esquemas energéticos.

Que los avances científico-técnicos sean continuos y los criterios para la toma de decisiones vayan quedando obsoletos es una realidad, y por mucho poder que tenga la administración y el sector económico, se debe de tener en cuenta estas cuestiones y la necesidad energética de la población en el ejercicio de su libre consumo responsable y respetuoso con la naturaleza.

Para terminar con una pregunta: ¿No parece curioso que un país con una alta irradiancia solar media, tenga menos paneles fotovoltaicos que países con media y baja irradiancia solar media?

Related Post

También puede interesarte