Más que miel

Mucho se ha hablado de la necesaria existencia de estos “picantes” individuos, lo cierto es que a día de hoy poco o nada se hace por preservarlos y protegerlos. El motivo de este artículo es doble, por un lado dar a conocer un mundo a veces desconocido por muchos, por otro lado concienciar sobre cómo ayudar e invertir la catastrófica situación actual.

Hagamos un viaje en el tiempo, 2500 años antes de Cristo, en la antigua y grandiosa civilización egipcia, a ella debemos el descubrimiento de las bondades de la apicultura. El término proviene de la palabra “Apis” (abeja) y “cultura” (cultivo) del que existen evidencias en jeroglíficos que describen el proceso de creación de colmenas a partir de troncos huecos.

El apicultor es buen conocedor de los ciclos de vida de dichos insectos y admira la labor polinizadora de estos infatigables huéspedes. Como en cualquier empresa, la labor de cada cargo es definida y conocida por el resto y todas las compañeras se afanan por cumplir a rajatabla su trabajo.

  • La reina: Su misión es la de poner huevos de los que nacerán abejas obreras, en caso de que exista fecundación, o zánganos, en caso de que no se produzca fecundación. Lo que diferencia a una abeja reina de una obrera es simplemente la alimentación durante su crecimiento, siendo la abeja reina alimentada exclusivamente con jalea real.
  • Obreras: Nacen de huevos fecundados pero no son alimentadas con jalea. Su función en la colmena va cambiando con el paso del tiempo, desde labores de protección de la colmena hasta acopio de alimentos y agua (abejas pecoreadoras).
  • Los zánganos: Su labor es bien simple, proporcionar calor a la colmena y fecundar a la hembra. Recientes estudios defienden que también tienen funciones relacionadas con el transporte del néctar.

Se atribuye a Einstein la frase “Si la abeja desapareciera del planeta, al hombre solo le quedarían 4 años de vida”, pero lo cierto es que no hay constancia de que Einstein dijera esto en ningún momento de su vida.

La abeja que todos conocemos, abeja mielífera -Apis mellífera- constituye solo un 5% de todos los insectos polinizadores, siendo tan solo una de las más de 22.000 especies de abejas reconocidas en el mundo. La abeja mielífera es por tanto la más conocida pero NO la única.

Parece que en este mundo repleto de intereses tan solo hay cabida para aquello que produce un beneficio económico al hombre… Lo cierto es que sin estos polinizadores el mundo estaría sentenciado.

Si esto es así, ¿por qué estamos dejando que desaparezcan? ¿Cuál es el motivo por el que la población de este insecto está comenzando a disminuir? Son 3+1 las causas principales que se atribuyen a dicha pérdida. Tres mirar hacia otro lado y difundir un mensaje de caos y descontrol social. La última de las causas es la más difícil de aceptar, la de poner nombres y apellidos y sancionar a los responsables de que esto ocurra:

1. Contaminación: Sin duda la contaminación juega un papel importantísimo en el decaimiento de la población de abejas. Un ejemplo concreto es que de los once componentes químicos individuales que caracterizan el olor de las flores, cinco de ellos son alterados por la exposición a los óxidos de nitrógeno (NOx) expulsados por los motores diesel tras la combustión. Esto provoca en las abejas patrones de desorientación a la hora de encontrar alimento, con lo que la colmena muere al cabo de un tiempo por inanición.

2. Introducción de especies invasoras: La avispa asiática o Vespa velutina está causando estragos sobre nuestra población de abejas en España. Esta avispa asiática monta guardia a la entrada de las colmenas manteniéndose inmóvil en el aire y captando y devorando a las abejas que intercepta en pleno vuelo. Algunas soluciones ecológicas a este respecto son la instalación de trampas selectivas y el novedoso uso de gallinas en las colmenas. 

En Galicia la avispa autóctona -Vespa crabro- (a la derecha) parece estar compitiendo con la avispa asiática (a la izquierda), con buenos resultados a su favor.

3. Cambio climático: El aumento de las temperaturas a nivel global y sobre todo el cambio de estacionalidad y regímenes de lluvias/sequias desorienta a estos insectos y les dificulta la búsqueda de fuentes de alimento y agua.

4. Avaricia humana: La explicación más polémica a este fenómeno es sin duda la avaricia del hombre. Los cultivos vegetales más productivos del planeta son el trigo, el maíz y el arroz. Estos cultivos no son polinizados por insectos, ¡¿por qué íbamos a tener que preocuparnos por estos animales?! Pues bien, a no ser que solo quieras comer maíz, arroz y trigo, debes saber que de estos insectos depende la reproducción del 85% restante de las plantas para cultivo usadas en Europa y que el valor ecosistémico de estos insectos es de más de 153.000.000€ al año tan solo en materia alimentaria. El uso de monocultivos y la eliminación de las mal llamadas “malas hiervas” solo favorece dicha pérdida.

A pesar de la importancia de las abejas en los ecosistemas, el interés económico supera como de costumbre a los intereses mundiales. Grandes empresas de fertilizantes y de plaguicidas tienen entre su gama de productos sustancias que acaban con las abejas y pese a las continuas protestas y denuncias, estos productos se siguen usando. ¿Qué puedes hacer tú? Sencillo:

  • Apoyar la agricultura ecológica comprando frutas y verduras a pequeños agricultores.
  • No perjudicar la vida de estos insectos en nuestro entorno cercano y dedicar espacios a su vida natural y libre a modo de santuarios donde no exista ningún tipo de manipulación de su habitat.
  • Consumir productos producidos por pequeños APIcultores ya que favoreciendo su negocio favorecemos su dedicación al mismo y por tanto el aumento de zonas apícolas.
  • Sembrar en nuestros jardines plantas que favorezcan a los insectos polinizadores, todas ellas son bonitas, con colores muy vivos y de aromas agradables.

 

Un mundo sin abejas sería un mundo menos dulce, ¡PROTÉGELAS!

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