Revolución Azul y Piratas

A lo largo de la historia ha habido períodos de grandes y bruscos cambios, a nivel social, político, industrial y también de alimentación. Un ejemplo de ello es el cambio que experimentó el ser humano al pasar de cazador y recolector a ser ganadero y el agricultor significó el fin del paleolítico y el inicio del neolítico. Otro ejemplo es la Revolución Verde, con la mejora en los cultivos y la aparición de maquinaria agrícola que mejoraron enormemente la producción durante los 60 y los 80. En la actualidad probablemente nos encontramos en uno de ellos, la llamada Revolución Azul.

Parece ser que la acuicultura, es decir, el cultivo de peces, moluscos y otras especies acuáticas, surgió hace muchos siglos en la zona que hoy es China. Poco a poco, esa actividad se fue expandiendo hacia Europa pero siempre con poca fuerza, de hecho, hace pocas décadas casi nadie hubiese sabido que era la acuicultura.

Hoy en día, con el gran aumento de la población humana y por tanto la mayor demanda de pescado y moluscos, los ecosistemas acuáticos no dan abasto y eso hace necesario el aumento de la acuicultura. De hecho, la contribución de la acuicultura al suministro mundial de productos pesqueros, aumentó del 3,9 % de la producción total en peso en 1970 al 32,4 % en 2004.

Este crecimiento sigue siendo más rápido que el logrado en cualquier otro sector de producción de alimentos de origen animal y por eso se le conoce como la Revolución Azul. En todo el mundo, la tasa media de crecimiento de este sector ha sido del 8,8 % al año desde 1970, mientras que, durante el mismo período, la pesca de captura ha crecido solamente a razón del 1,2 %.

Da la impresión de que caminamos hacia un mundo en el que toda la alimentación será “cultivada”, en granjas, piscifactorías,…y en el que la extracción directa de la naturaleza se hace cada vez más difícil e insostenible (ambiental y económicamente). El tiempo lo dirá.

No voy entrar a reflexionar sobre qué es más o menos sano, si un pez pescado en alta mar o cultivado en una piscifactoría, pero sí me gustaría reflexionar sobre el poder de la acuicultura no sólo en cuanto a satisfacer la demanda sino en cuanto a mitigador de conflictos bélicos. Quizás pienses que estoy loco, pero no: todos hemos oído hablar de los “piratas” somalíes, que secuestran pesqueros europeos en aguas del cuerno de África. Quizás la acuicultura haga, no lo sé, que esos pesqueros europeos se vayan de las aguas de esos “piratas”.

¡Qué curioso! Llamamos piratas a somalíes que están en sus aguas y cuyos abuelos probablemente fueron pescadores artesanales, a los cuales les han destrozado su forma de vida, mientras que a esos grandes buques de pesca europeos que llegaron un día allí a pescar masívamente los pasamos desapercibidos. ¿Quién es el pirata?

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